Voy a empezar explicando primero el porqué de un chofer-seguridad, normalmente la mayoría de servicios son en la misma ciudad, pero a veces, las chicas tienen que desplazarse, y es mucho mejor que las lleve alguien y espere para traerlas de vuelta, evitamos las esperas en los dos trayectos, y si algo sale mal, estoy ahí para impedirlo. Este relato, aunque pueda parecer a ratos que no, al final, va más de lo primero que de lo segundo.

Tuve que recoger a Gisela y llevarla a un apartahotel de Castelldefels, el sitio me facilita mucho el trabajo, ya que aparco en la misma puerta del apartamento donde tenemos que dirigirnos y además de eliminar el elemento tráfico, puedo evaluar las situaciones con más facilidad que si solo me guio por mi reloj mientras espero dentro del coche a las puertas de algún mastodóntico complejo hotelero al uso.

Gisela es, al menos cuando trato con ella en el coche, una chica muy muy educada, y con un cierto aire introspectivo, suele estar pendiente de su teléfono y no tenemos más conversaciones de lo más estrictamente profesional, lo que se diría en mi campo, un servicio estándar. Llegamos al apartahotel y me dirigí hasta la plaza de aparcamiento que nos correspondía por habitación, y fue en ese momento cuando Gisela y yo nos quedamos mirando. Por la ventana vimos que las luces no estaban encendidas, bueno, no las luces habituales, llamativos destellos de colores al ritmo de la música iluminaban el ventanal del apartamento. Tenía toda la pinta de ser una fiesta, cosa que no nos constaba, pedimos referencias a la rectora, y nos confirmó que solo había una persona esperando a Gisela, un chico llamado Pedro.

-Bueno si ves algo raro, no te preocupes que estoy justo aquí.

-Muchas gracias Ambrosio, nos vemos ahora.

Se dirigió hacia la puerta y le abrió un muchacho muy joven, vestido de manera informal, camiseta, tejanos y deportivas, todo muy en consonancia con el festival que tenia montado en su habitación, no me malentiendan, yo también he sido joven, pero en este mundo tenemos que estar siempre en guardia. Vi que Gisela le sonrió con franqueza, y entró. Yo, por mi parte, me quede fuera del coche, aunque mi máxima sea la discreción, a veces no esta de mas hacerse ver un poco. Y lo que pude ver a través de las siluetas que las luces dibujaban en la ventana, me hicieron  reconsiderar mis, a veces, prejuicios de cascarrabias en ciernes. Vi como Pedro besaba a Gisela y se ponían a bailar de forma muy tierna y lenta, a pesar que el ritmo que marcaba la música no era tal. En ese momento pensé que sería una buena idea averiguar si en ese sitio tenían un bar donde me pudiesen hacer un café a esas horas de la noche…

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