Valeria, vocación de servicio

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Llevaba 30 minutos esperando en la habitación del hotel, cuando nuestra rectora me llamó para decirme que al cliente le había surgido un imprevisto y que llegaría dos horas más tarde. Era un margen de tiempo demasiado corto para ir a casa y volver, por lo que decidí quedarme en la habitación y relajarme en la bañera mientras esperaba.

Me encanta bañarme escuchando música y tomando una copa de cava, así que llamé al servicio de habitaciones para que me subieran una botella de Krypta y una cubitera. En recepción se disculparon “tardará un poquito, Srta., no tenemos esa referencia. Pero se la conseguimos, no se preocupe”. Perfecto, me encanta la gente resolutiva y con vocación de servicio. Me metí en la bañera y pinté mi mente de blanco.

Inmersa estaba en en mi sueño de burbujas cuando, al poco, llamaron a la puerta. Salí volada envuelta en un albornoz -pensando en recomendar este dechado de eficiencia a todos mis conocidos- abrí la puerta y allí estaba. Y no, no me refiero al cava, sino a ese pedazo de hombre, vestido de botones, que me lo traía: guapo, algo delgado pero definitivamente, muy masculino. Al verme no dijo ni una palabra, pero clavó una intencionada mirada en mis ojos tras hacer un barrido vertical de abajo a arriba con parada intermedia en mi escote, en el que se recreó bastante rato y sin ningún disimulo. Sorprendida ante un descaro tan poco camuflado, miré hacia abajo y con las prisas digamos que mi albornoz estaba “bastante suelto”. Y en otras circunstancias y con otro contrincante mi reacción inmediata habría sido taparme … pero las mujeres siempre sabemos cuando los hombres queréis algo y el que me estaba lanzando el guante con chulería irresistible era un magnífico ejemplar, ¡esa mirada era una flagrante declaración de guerra!. Caro mio, cavallo que corre non ha bisogno di sproni (o como decís en España, “caballo que corre no necesita espuelas”), pensé mientras observaba esos ojos… y automáticamente decidía que si esa mirada era el preludio de algo, desde luego quería saber qué era.

Dejé caer el cinturón del albornoz al suelo.

No necesitó más señales: miró a ambos lados del pasillo y cuando comprobó que no había nadie, entró, dejó la cubitera en el suelo y cerró la puerta detrás suyo. Le dejé hacer, esa situación empezaba a divertirme mucho. Seguidamente, y sin dejar de mirarme con cara de golfo, acercó con las manos mi cabeza a la suya y me sorprendió con un beso tan apasionado que si quedaba algún resquicio de duda en mi, quedó disipado ipso facto. Mamma mia, besaba muy bien y olía casi mejor … y eso son dos cosas que me ponen muy caliente. No llegamos ni a la cama, allí mismo contra la pared nos comimos, nos mordimos y nos desnudamos en un frenesí de ropa y botones que volaban por los aires y caían caprichosamente alrededor nuestro. Era delgado pero fuerte, se notaba que hacía ejercicio, y además no iba depilado, cosa que hizo sino excitarme todavía más, tengo una debilidad por los torsos peludos. Sus manos recorriendo mi espalda llegaron al trasero y con un gesto enérgico me agarraron hasta que sentí que mis pies dejaban de tocar el suelo. Me abracé a él con manos y piernas mientras nuestros cuerpos encajaban como un puzzle y el espejo enfrente mío me regalaba una imagen tan sugerente, que creí morir de placer. Fue un delirio total.

Cuando acabamos y tras recuperar el aliento, se vistió, depositó la cubitera encima de la mesa, descorchó la botella y dejó una copa en la mesa anunciando “aquí tiene señorita”. Fueron las únicas palabras que me brindó, se despidió de mi con una caricia y una sonrisa y salió de la habitación, dejándome sumida en una extraña mezcla de fascinación e incredulidad. Eso sí que había sido un auténtico y genuino servicio 5 estrellas, che meraviglia.

Miré la hora en el reloj y aún era pronto, me quedaba todavía un rato para acabar de asimilar lo que acababa de pasarme y relajarme en la bañera con esa copa de delicioso cava helado. Realmente mi cliente, con su retraso, me había regalado uno de los momentos más inesperados y estimulantes de mi vida y tenía tantas ganas de agradecérselo que le iba a hacer viajar a otro mundo: vas a gozar como nunca, amore. Salí de la bañera todavía excitada y me maquillé y perfumé, preparada para recibirle con todo mi catálogo de aptitudes.

Y es que como buena escort … yo también soy una persona resolutiva y con vocación de servicio.

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