Esa noche con el reloj a punto de tocar las tres de la mañana, estaba apurando un cigarrillo cerca de la Vila Olímpica, junto a un conocido karaoke, a punto de entrar en ese periodo del final de la jornada nocturna que llamamos modorra. Cuando me suena el teléfono y me piden de parte de la rectora, que recoja a Milena y la lleve a su casa. Normalmente mis servicios son de ida y vuelta, chofer y seguridad. Pero esa noche Milena acudió sola a un servicio especial que, inesperadamente, se había alargado.

Subí hasta una popular avenida del centro de la ciudad para recogerla, por lo que sabía, llevaba más de cuatro horas con un cliente japonés, y la verdad, contaminado con los tópicos, y algún jefe que tuve en el pasado, me esperaba cualquier cosa.

Una vez sube Milena al coche y veo que se arregla su hermosa melena rubia y luce una serena y risueña expresión en el rostro, me quedo más tranquilo, pero aun así uno es muy profesional y hace su trabajo con puntillismo.

-Buenas noches, ¿todo bien?

-Más que bien gracias!

-Caray que efusividad, pero me alegro, me dijeron que llevabas no se cuantas horas con un cliente y te esperaba como más apagada a estas horas de la noche.

-Ya, sería lo normal, pero hoy ha sido una noche muy especial,  estuve con un chico japonés.

-Lo sé, lo sé.

-Ha estado muy bien, si te cuento…

-Yo la verdad, es que no entro en detalles, si estas bien, todo bien.

-Pues estuvimos hablando como tres horas, más mono él, me estuvo contando de su vida en Tokyo, y después se interesó por mis estudios.

Milena como es evidente, no había escuchado mi última frase, estaba en una nube y Ambrosio, una vez más, se convirtió en una suerte de Encarna de Noche, pero sin cenar y suspirando por una empanadilla.

-…total que me invitó a cenar, y claro en su habitación del hotel, y después pues…bueno ya puedes imaginarte, ¿no?

Yo la verdad es que podía imaginar a la bella Milena, aunque fuese un golem de piedra y barro, no podría permanecer impasible ante tan bella señorita, pero sorprendentemente mientras Milena hablaba, yo pensaba en un plato de sushi y un cómodo futón.

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