Recogí aquella noche a Elsa, y la llevé a un céntrico hotel de Barcelona, como es costumbre, el viaje de ida siempre suele ser bastante silencioso, pero aquel dia mi pasajera estaba de lo más sonriente, casi que diría, radiante.

Una vez pasó el tiempo estimado, vi que Elsa no acudía, y cuando empecé a inquietarme y considerando como intervenir, apareció caminando hacia mi, con una gran sonrisa en la cara y un hermoso rubor en las mejillas, le abrí la puerta del coche y nos dirigimos de regreso a su casa. En pocos segundos comencé a percibir un olor muy singular, no era el del perfume que llevaba antes, pero no pude identificarlo, al llegar al primer semáforo, ya fuera de las inmediaciones del hotel, comencé mi protocolo de seguridad.

-Todo bien? Estaba a punto de llamar al ver que no bajabas.

-Si si, todo bien.

Por el retrovisor vi que estaba jugueteando con algo entre sus manos, metálico, parecido a una moneda.

-No tienes de qué preocuparte, hoy tenía una cita con Gauthier, es un cliente habitual. ¿Sabes? Me ha regalado esta moneda, es egipcia, tiene 100 años.

-¿Gauthier?- No puedo evitarlo, me encanta hacer chistes fáciles.

-No hombre, la moneda!!

-Y también un perfume, por lo que percibo.

-Oh para nada Ambrosio, es aceite de masaje, de orquídeas, también un regalo de Gauthier, le encantan mis masajes, y a mi, quedar con él, además practico el francés… (pausa) el idioma!!- Elsa ya me empieza a conocer, y eso me hace sonreír.

-Veo que es todo un caballero.

Elsa no contesta, esta con la mirada perdida contemplando las luces de la calle, o lo más probable, pensando en la siguiente visita de Gauthier a la Ciudad Condal…

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