Nunca a la cama te irás sin flipar una vez más

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Siempre me ha gustado la música, desde pequeña. Me acompaña en todos los momentos, cuando cocino, cuando conduzco, cuando sudo en la elíptica o cuando practico sexo. Tengo listas de reproducción para cada cosa y, normalmente, a mis acompañantes habituales les gusta la selección auditiva que escupe mi iPod.

Hasta que tropecé con un personaje, al que, para abreviar, llamaremos Alfonso.

Mi amiga Jade tuvo un percance en la ducha (resbaló y se rompió un tobillo) y eso hizo que su cartera de clientes quedara temporalmente desatendida. Por ello me encargué de cuidar de algunos, entre ellos Alfonso. Jade me explicó que hacía un par de años que le conocía y que era un cliente amable y agradecido, pero un poquito especial. Bueno, nada nuevo bajo el sol -pensé yo- una es una profesional y está acostumbrada. No creí necesario que me explicara más, todas sabemos lo que hacemos y pensé que tenía recursos suficientes para hacerme con cualquiera.

La cuestión es que Alfonso no parecía muy dispuesto a cambiar de chica, pero tuvo que rendirse al informe médico de Jade y acabar aceptando, a contrapelo, verme a mi en su lugar. Ya cuando abrió la puerta de la habitación de hotel en la que habíamos quedado, me miró de arriba a abajo antes de invitarme a entrar, para decirme al cabo de 10 segundos “llegas tarde”. Miré el reloj y pasaban 7 minutos de la hora, así que le dije muy sonriente y ladeando la cabecita con cara picarona  sí, perdóname, he calculado mal. ¿Cómo era eso de los 10 minutos de cortesía? … No funcionó, tras contestar bastante serio “no me gusta esperar”, se giró y se puso a mirar por la ventana, dándome la espalda. Ups -pensé yo- tendré que esmerarme. Así que me acerqué a él remolona y con cara de niña arrepentida y le dije no volverá a pasar. Cualquiera habría contestado un notepreocupes/nopasanah, pero Alfonso no, él era otra cosa. Creó un silencio incómodo mientras me observaba de reojo con cara de censura y por un momento volví a tener 10 años y a estar delante de mi profesor de mates riñéndome por no llevar los deberes. Me quedé quieta sin saber qué decir, durante un espacio de tiempo que a mi me pareció interminable, hasta que finalmente suspiró y dijo “está bien, siéntate”, señalándome la cama.

Cuando ya pensaba que el ambiente se había relajado un poco y me disponía a quitarme la blusa y los zapatos, Alfonso me llamó la atención de nuevo “no te he dicho que te quites la ropa”. Ah, perdona -contesté- ¿qué quieres hacer? … Alfonso, girándose lentamente para mirarme con la barbilla alzada y atusándose ese bigote frondoso y de extremos ligeramente rizados hacia arriba (bastante vintage), dijo “muévete para mí”.

Pensé que quería que bailara algo sexy, así que me levanté, saqué mi iPod y un pequeño bafle del bolso y puse música de la lista hot. Y cuando levanté la vista sensualmente para mirarle, la expresión de horror de su cara me recordó a la máscara de la peli Scream. Y es que, de verdad, aunque joven llevo tiempo en ésto y he conocido personas, gustos y filias variopintos, y he comprobado que, aún con gustos distintos, a cualquier tío le gusta una música suave y una mujer bonita bailando para él.  ¡Pero no!. Cuando ya pensaba que nadie podría sorprenderme, me topo con Alfonso y parece ser el único ser sobre la faz de la tierra que solamente se pone a tono con, atención, ¡MARCHAS MILITARES!. Alfonso resulta ser un legionario frustrado (nunca le aceptaron, no sé por qué razón), y sus fantasías siempre tienen que desarrollarse en atmósfera castrense. Ordeno y mando, rigidez y sobretodo cornetín, ¡mucho cornetín!. No recuerdo las veces que gritó “¡A mi la legión!” mientras se tiraba encima mío para morderme el trasero o “¡Legionarios a luchar. Legionarios a morir!” para darme lo mío en el campo de batalla. Fue tan evocador como meterse en la cama con todo el Ejército de Tierra.

Cuando él consideró la sesión como finalizada, me besó en la frente y me dijo que lo había pasado muy bien aunque “Jade tenía un toque más marcial y era más disciplinada”.

¡Pues claro, jolín, si yo siempre he sido pacifista! …

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